Corrida de Toros(Zamora)2016

CORRIDA DE TOROS ZAMORA SABADO    25 DE JUNIO 2016

Comenzó la feria de Zamora con una segunda parte de festejo entretenido y ameno, con sus incidentes y sobrecogidos por la posibilidad de riesgo palpable que tiene esta profesión cuando los toros muestran pujanza y cierta bravura, siendo capaces en el desarrollo de encrespar el ánimo tanto como de transformarlo en aclamación de triunfo y éxito. Algo así pasó en el coso de la Calle la Amargura: Media corrida insulsa, mansa, descastada y con escasa fuerza y otra media de la misma ganadería con tres toros cuajados, duros y bravos que propiciaron junto al espléndido y agradecido público zamorano la salida a hombros de Enrique Ponce, Sebastián Castella y el espigado Miguel Ángel Perera, pese a matar de forma anormalmente arriesgada, tras recibir dos volteretones espectaculares.

La verdad es que tres horas de reloj son demasiado largas cuando hay poco que ver y menos que contar. Menos mal que todo lo arregló el dicho trabucado y al revés de “segundas partes, nunca fueron buenas” por el de “segundas partes, siempre mejoraron con creces lo anterior”.

Media plaza en los tendidos, tarde soleada pero con algo de viento que contribuyó a que el toreo de los maestros no tuviera la dimensión de otras veces.

De los toros de Alcurrucén fueron aplaudidos en el arrastre el cuarto, con una ovación casi de pañuelo azul, y el quinto, un calcetero hermoso y cuajado que derribó al picador, corneando en el pescuezo al caballo y poniendo en apuros tremebundos al varilarguero, caído en el suelo y a su merced. Gracias al monosabio que coleó al ejemplar y la intervención de los subalternos, la cosa quedó en un susto morrocotudo para el jinete.

Los tres primeros, como decía arriba, remisos, sin casta ni fuerza, mansotes, huyendo de la pelea, rechazando la misma y algo abantos en diversos momentos de la lidia.

Curiosamente en varios momentos las banderillas utilizadas llevaban los colores de la bandera de Zamora. Uno de los subalternos que saludó tras dos pares bien puestos fue Curro Javier, subiéndose al carro del aplauso su compañero de fatigas.

La partitura musical de esta tarde la ha puesto no ya la banda de música que ha resonado muy bien entre los muros del viejo coso zamorano, sino la muñeca de Enrique Ponce y la gracia, tranquilidad, poderío y sitio de Sebastián Castella y el arrojo valeroso de Perera.

Castella, que recibió un aviso en el segundo de la tarde, al que empezó su faena de rodillas junto al estribo de la barrera, no dio
la medida de acierto y gracia presentada, aunque luego ante el quinto de la tarde estuvo bien con ambas manos, cruzándose a pitón contrario y citando valiente. Casi dejándose tocar los alamares al final de la faena, destacando dos verónicas y una media de remate admirables con su capote en el centro del platillo, logró una estocada entera que le valieron las dos orejas y abrir la puerta grande con todo el merecimiento.

El maestro Ponce que además como Director de lidia intentó acabar con el de Perera, mientras las asistencias le llevaban a la enfermería, en el último de la tarde, pero que hubo de ceder los trastos a su compañero para que terminara con la estocada, al recuperar el resuello a la puerta misma de la enfermeria y sin entrar en ella por aquello de llevarlo por la puerta de toriles, con el giro contrario del portón que impedía pasar al recinto médico. El de Puebla de Prior se recuperó del tarantatán recibido por dos veces al entrar a matar, gracias al agua milagrosa, al tiempo transcurrido, a su propia decisión, a la vergüenza torera y a que hoy no era su día, pues ambas cogidas resultaron espeluznantes. El público, sentido y emocionado, gritó a Perera “¡¡torero, torero!!” y demandó los trofeos que, con buen criterio, el Presidente de la corrida, Antonio Boyano, solo concedió un apéndice.

Ponce torea con la pierna flexionada con una maestría y estética merecedora de la ovación del público. Estuvo mejor en el segundo de su lote que en el que abría plaza, pese a cortar una oreja, mostrando una faena intermitente. Los muletazos finales, rodilla en tierra, aclamados estruendosamente por un público agradecido y encantado con el arte de torear de este maestro en la cúspide de su torería. Y aunque pinchó sin soltar, logró una estocada entera que le valieron las dos orejas del burel.

En resumidas cuentas. Entretenida tarde de toros en Zamora, para un público deseoso de ver triunfar a los diestros, ávido de aplausos y vítores, cariñoso con todos. Pero que con menos toreo no se puede premiar con tanto y es que el público de Zamora es de lo más agradecido y generoso del mundo taurino.

FICHA DE LA CORRIDA:

Plaza de toros de Zamora. Media entrada.

Seis toros de Alcurrucén, bien presentados, con poca fuerza y descastados tres de ellos y los otros tres bravos, aplaudidos en el arrastre, para Enrique Ponce, oreja y dos orejas; Sebastián Castella, aplausos y dos orejas y Miguel Ángel Perera, oreja y oreja.

Jesús López Garañeda.

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